
Luego de estar 42 años separados, el Partido Comunista del Perú-Patria Roja (PCP-PR) y el Partido Comunista del Perú-Unidad (PCP-U), dirigentes y militantes volvieron a juntarse. Por primera vez en mucho tiempo, el 7 de octubre celebraron, en comunión, un aniversario más de la fundación del partido que fundara José Carlos Mariátegui. A raíz de eso, un breve repaso de la problemática que ha aquejado a la izquierda peruana.
La historia de la política partidaria en el Perú nos muestra que las tendencias centrífugas han prevalecido a menudo. Muchos de los partidos que existen actualmente o que existieron en otras épocas, surgieron a raíz de divisiones a lo largo del tiempo. Quizá se deba a esa incapacidad, tan extendida entre nosotros, de creer que si cada uno va por su lado, se va a alcanzar más fácilmente el bien común. O quizá todo lo contrario: el bien común es un término demasiado abstracto para la mayoría de peruanos tan propensos a creer que buscar el beneficio personal como dé lugar es la única manera de progresar.
El segundo problema fundamental de los partidos políticos peruanos ha sido sus carencias en el campo ideológico. Estos no han sabido constituirse como fuerzas integradoras capaces de obtener un voto multiclasista en dos elecciones consecutivas. La excepción la marcó probablemente Fujimori, basado en un proyecto absolutamente personalista.
El caso de la izquierda es paradigmático, en el sentido que en ella se ven reflejados ambos problemas. Ante todo, las tendencias de izquierda han estado representadas por una multiplicidad de organizaciones políticas a lo largo del tiempo. Toda la gama de la izquierda ha desfilado por el escenario político nacional: desde los más radicales defensores del Pensamiento Gonzalo, pasando por estalinistas, trotskistas, maoístas, guevaristas hasta socialistas moderados e izquierda caviar.
En un sistema de partidos sólido, raramente existen más de dos partidos en cada bloque del espectro. En el Perú, el único período en el que existió un sistema de partidos que cumpliese funciones de representación básicas fue entre 1980 y 1992. Durante esos años, la alianza Izquierda Unida (IU) logró congregar a casi todos los partidos ubicados en ese espacio. Y alcanzaron una votación nacional que promedió alrededor del 30%.
Los problemas empezaron nuevamente con el resquebrajamiento de la alianza en 1989. Los que apoyaban a Alfonso Barrantes abandonaron la alianza y corrieron por su cuenta en las elecciones municipales y presidenciales. Divididos, en estas últimas alcanzaron apenas el 13% (24,7% en las presidenciales de 1985).
Si nos remontamos a las décadas anteriores a la del ochenta, vemos que el problema de las continuas divisiones es aún más agudo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que hasta 1962, el comunismo estuvo impedido de presentar candidatos. La constitución de 1933 prohibía la participación a todos aquellos partidos de carácter internacional. De esa manera se cerraba el camino al APRA y al PCP. Aún así, la primera gran división, la que separó al PCP-Unidad del PCP-Patria Roja, se produjo en 1963, y marcó la separación de pro-soviéticos y maoístas. Durante los años de los gobiernos militares, la izquierda siguió estando escindida y a mediados de la década del setenta existía más de una veintena de partidos en ese sector, entre los cuáles estaba Sendero Luminoso.
En el campo de lo ideológico, lo fundamental ha sido la incapacidad de congeniar entre las diferentes fuerzas de origen marxista. Lo que llevó al colapso de IU fue justamente la diversidad de posiciones dentro de la alianza. Por un lado, políticos como Barrantes saludaban un acercamiento hacia posiciones socialdemócratas y, por el otro, los más radicales del Partido Unificado Mariateguista (PUM) coqueteaban con la idea de iniciar la lucha armada.
Durante la década del noventa, las fuerzas de izquierda quedaron prácticamente pulverizadas. Desde su retorno a la escena nacional en los últimos años, fundamentalmente a través de Patria Roja, han alcanzado notoriedad por su constante apoyo a las manifestaciones contra las empresas mineras y por su irresponsable manejo del SUTEP. En el caso de estos últimos, la negativa a que los profesores sean evaluados, significa un grave revés contra la mejora de la calidad de la escuela pública.
En una entrevista concedida a Perú 21 este octubre, el ex senador y dirigente de Patria Roja, Rolando Breña, se refiere de esta manera a los errores del pasado y al comunismo:
La crisis no se debe, como muchos especulan, a la caída del Muro de Berlín. Se debe fundamentalmente a la falta de visión, a creer que asumir una ideología era asumirlo casi con un espíritu religioso. La Izquierda Unida no supo superar las viejas rencillas entre partidos, el sectarismo y las alineaciones internacionales. La crisis de la izquierda es culpa de la izquierda y de nadie más […].
P: Pero usted no es socialista, es comunista. El socialismo es solo una fase dentro del proceso para llegar a un Estado comunista.
R: Ese es el objetivo final, ciertamente, pero no estamos en un momento en el que podamos plantear la construcción de un Estado comunista. Ni siquiera un Estado socialista. Estamos en condiciones de plantear un proceso de transformación nacional, con otro tipo de institucionalidad, un tipo de economía plural y con una identidad nacional.
P: ¿Pero su fin es llegar a un Estado comunista?
R:Por supuesto. Ese es el objetivo final de aquellos que nos llamamos comunistas, pero sabemos también que ese objetivo final no lo vamos a ver.
Ignazio De Ferrari


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